La escoba de Zaratustra

El tiempo es la distancia entre dos acontecimientos; no es lineal, sino multidireccional. Así, lo simultáneo luce dos veces breve y da la ilusión de un eterno retorno. Nada hay aquí, pues, de largo aliento, y poco es verdadero. Todo lo que aquí sucede, sin importar cuándo, lo barre Zaratustra con su escoba. ¡Bienvenidos!

jueves, 11 de febrero de 2010

Crónicas caníbales

Los papeles del caníbal

El arte de la muerte


Saber morir es un arte, dicen los tanatólogos; también saber matar, según Thomas de Quincey, en Del asesinato como una de las bellas artes. Y, de acuerdo con casi cualquier narrador, lo es saber escribir. Pero no toda muerte, ni todo crimen ni toda obra son formas artísticas. Y eso, mejor que nadie, lo supo José Luis Calva Zepeda, cuyo único dolor fue haber ganado la fama como descuartizador de mujeres y no como poeta.


"Escribir es el único remedio cuando se ha traicionado", dijo alguna vez Jean Genet. José Luis Calva Zepeda, quien traicionó y asesinó, no tuvo más remedio que escribir mucho. Y de lo que escribió, buena parte fue sobre sí mismo:


José Zepeda. Periodista, Poeta, Novelista y Dramaturgo. Cuenta con más de ochocientas poesías en su haber, diez Novelas y ocho obras de teatro. Entre sus trabajos destacan: Réquiem para un alma en pena (Drama satírico), Krish, el aprendiz de mago (Novela infantil), Instintos caníbales (Novela de suspenso), Antigua (Novela fantástica), Prostituyendo mi alma (Poesía). Cabe mencionar que su última obra, Caminando ando (Poesía) alcanzo la cifra de los diez mil ejemplares distribuidos.


Así se presentó José Luis Calva Zepeda –literalmente, sin mover una coma, cambiar la tipografía ni poner un acento que él no haya escrito, tal como se le cita a lo largo de estas líneas– en la cuarta de forros de una de sus publicaciones: La noche anterior. A tan prolífico autor, nacido en 1969, no lo intimidaban sus faltas de ortografía mientras se daba a la tarea de autoeditarse. Ni la humildad, en forma y contenido, de sus textos.


Calva Zepeda no sabía escribir, pero sí sabía matar: desmembró a su víctima por las articulaciones con tanto cuidado, en la que suponemos fue su primera vez, que ni siquiera fue capturado. Y a tal grado pecó de confianza que tras asesinar a su más reciente mujer, la que lo llevó a la fama, ni siquiera se tomó la molestia de ser cauto. Gracias a ella, a la investigación forense realizada en su cuerpo, sabemos lo que poca gente cuenta: que falleció por asfixia a manos de un poeta de poca monta.


No es la intención aquí hacer la glosa de los crímenes de José Luis Calva, abundantemente reseñados por la prensa amarillista, sino encontrar en sus palabras los signos del asesino confeso, del hombre cuya mente dividida oscilaba entre lo angélico y lo bestial, a partir de dos de sus libros: La noche anterior y Caminando ando..., y con base en las observaciones de varios especialistas del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe).


Un escritor psicópata


A José Luis Calva Zepeda se le consideró un asesino serial con rasgos de psicopatía –se distingue aquí al psicótico, quien padece un trastorno mental, del psicópata, quien es capaz de asumir la responsabilidad por el delito– aunque sólo se tenga certeza con respecto a dos de sus víctimas, ambas trabajadoras con escasa educación y pertenecientes a un bajo estrato social. En su página de internet, el Inacipe ofrece algunas pistas sobre el comportamiento psicopático, de las cuales Calva Zepeda brindó varias muestras en su conducta y en sus textos:


1. Locuacidad o encanto superficial

2. Alta sensación de autovalía

3. Mentira patológica

4. Engaño y/o manipulación

5. Ausencia de remordimiento

6. Afectos escasos

7. Falta de empatía

8. Falta de responsabilidad por sus acciones

9. Estilo de vida parasitario

10. Escaso control del comportamiento


Ahora busquémoslas en lo estrictamente literario; en este ámbito, el de la creación, los textos de Calva Zepeda carecen de un mínimo valor: sus poemas –al menos los de Caminando ando..., y no hay motivos para suponer una mejoría en otros– son una descuidada urdimbre de lugares comunes plagados de errores sintácticos. Por eso, en primer lugar, lo más notable es su soberbia:


"Me hiciste hombre, Señor, y tuviste la gentileza de hacerme Hombre-Poeta, me diste el Don de tu amor y con él, el poder de amar. Me has dado la gracia de tu inspiración y con ella me regalas los versos que brotan de mis dedos. ¿Qué más puedo pedir si en ti todo lo encuentro?", se pregunta en la primera página de Caminando ando...


Extrañas palabras para un asesino, pero documentan un rasgo psicopático: su megalomanía, del mismo modo que sus crímenes dan fe de su ausencia de remordimientos y su escaso autocontrol, asociado a una mínima capacidad para resistir la frustración. Más allá de la soberbia del presunto escritor, los libros de Calva Zepeda no eran más que un conjunto de hojas tamaño carta dobladas, engrapadas y fotocopiadas.


En La noche anterior, cuya primera edición fue de mil ejemplares ("Impreso en los talleres de la misma editorial"), la portada la ocupa una fotografía en blanco y negro: el sol parece abrirse paso entre las nubes por encima de un mar calmo. En la parte superior de la imagen está impreso el título, centrado, con grandes letras negras y cursivas; le sigue una especie de subtítulo, en cursivas con menor puntaje y dividido en dos renglones:


Para comenzar a vivir

es necesario morir dentro de ti...


Más abajo está el nombre de su autor, en letras grandes y más estilizadas: José Zepeda, y en la parte inferior, replegado en la esquina izquierda, está el sello editorial: ABC dario Cultural.


En este librito, publicado en 2007 según consta en la segunda de forros, José Luis Calva Zepeda ya había perdido un nombre y un apellido. La explicación la dio una de sus novias, la única persona que fue a visitarlo al hospital de Xoco donde fue internado tras su intento de huida: una mujer identificada como "Verónica", quien explicó a la prensa que nuestro autor le había dicho que él era José Zepeda y que Luis Calva era "una mala persona y había muerto."


De esto se desprende que el autor de estas líneas no fue José Luis Calva Zepeda, sino otro, al parecer él mismo, pero "renacido": José Zepeda. Punto. Da la impresión de que Luis Calva seguía dentro de José Zepeda, muerto, pero vivo; uno, pero dos al mismo tiempo. Y a saber cuántos más lo habrán habitado.


El poeta caníbal


Hablamos, pues, de un psicópata con ideas delirantes –como se verá, se consideraba un elegido– que parecía atisbar su propia locura. Parafraseando a Kafka: "lo que me aterra es esta turba de sensaciones volviéndose contra mí." Eso es lo que revela La noche anterior: las palabras de un hombre que tenía miedo de su propia transformación y se odiaba por ello; que deseaba convertirse en otro y que, en la mutación de su mente, intentó perdonarse.


Calva Zepeda, quien falleció en diciembre de 2007 en el Reclusorio Oriente, donde su familia cree que fue ejecutado, se mostró dispuesto a dar entrevistas "cobradas" a los medios y con las enfermeras de Xoco estuvo tan encantador que les escribía poemas; no en balde poseía un encanto superficial y una gran capacidad de manipulación. Pero no era un hombre de grandes metáforas, ni tenía la habilidad para describir algo distinto a su extraño mundo interior. Aunque sus escritos carecieran de virtudes literarias, eran transparentes.


Nadie esperaba palabras de un hombre de bien, sobre todo viniendo de alguien a quien la policía y los judiciales encontraron el 8 de octubre de 2007 con el cuerpo de su ex novia disperso entre la mesa (servido en un plato), la estufa (un caldo espeso y sanguinolento en un sartén), el refrigerador (congelado y en trozos) y el clóset (un torso desnudo y pestilente), más algunos huesos en una caja de cereal que reposaba en la basura junto con un antebrazo que al parecer pensaba engullir. Pero hay en sus textos una retorcida espiritualidad que conmueve, sorprende y espanta:


En esta entrega, José Zepeda, nos invita a viajar en el espacio infinito de nuestro propio ser. Despertando y resarciendo los valores perdidos por esta sociedad cada vez más agitada. Teniendo por supuesto, su firma poética en cada uno de los capítulos de esta obra.


Adentrémonos en el fascinante mundo de la conducta humana y busquemos ese toque místico dentro de cada uno de nosotros, solo así llegaremos al conocimiento de si mismos.


Estas fueron palabras en boca de un presunto caníbal, y lo de presunto viene a cuento porque, aunque se comprobó que José Luis Calva Zepeda tenía repartida por todo el departamento rentado en la calle de Mosqueta número 189, colonia Guerrero, la carne de su más reciente conquista, la difunta Alejandra Galeana Garavito, y a pesar de que al ser capturado tenía parte de ella –un antebrazo– sin piel, frita y servida en un plato, difícilmente se puede certificar si llegó o no a probarla. No obstante, quien esto escribe tuvo la oportunidad de visitar su apartamento durante 2008 y pudo verificar que, en la basura de la cocina, aún se encontraba un hueso corroído, ya sin carne: parecía, en efecto, un antebrazo (que los hábiles investigadores olvidaron sacar de la escena del crimen meses antes).


Especialistas del Inacipe refieren, por otra parte, que Calva Zepeda era un asiduo visitante de páginas snuff como www.snuffx.com, en las que se pueden admirar escenas del mejor estilo Gore que muestran cuerpos despellejados, desmembrados, sanguinolentos y –no podía ser de otra manera– imágenes alusivas a la antropofagia, como un hombre devorando un muslo de mujer. Todo parece indicar que la idea de comerse a la ex novia que conquistó con flores y poemas en una farmacia de similares rondaba la cabeza del autor.


Instintos caníbales


Cantaba Alaska, la de Dinarama: "Parece raro al principio, pero nada más. Yo me esperaba algo más doloroso, pero me gusta y quisiera volverlo a probar." Bien lo pudo haber dicho José Luis Calva, quien siempre negó el canibalismo y cualquier otro crimen que no fuera el que le costó la detención.


Acusado de homicidio y profanación de cadáver, y con tanta evidencia en su contra, el dramaturgo, poeta y demás no pudo negar el asesinato ni el desmembramiento del cuerpo de Alejandra Galeana Garavito, aunque en el hospital de Xoco –durante su convalecencia tras haberse arrojado del balcón de su hogar en la huida (además de la caída, un video publicado en Yahoo! México dio cuenta de la golpiza que los judiciales le propinaron al detenerlo) – insistió en que la estaba cocinando no para comérsela, sino "para arrojársela a los perros" antes de que se descompusiera. Demasiado tarde, porque los vecinos dieron aviso a la policía de que un hedor insoportable salía de la casa del escritor.


Un testigo de su aprehensión citado por el diario Crónica dijo que al intentar levantarse de la acera, tras la caída desde el cuarto piso donde habitaba (según la prensa también lo atropellaron), lo primero que Calva Zepeda buscó no fue el zapato que le faltaba, sino sus escritos, con los que al parecer se aventó por la ventana. No es de extrañar si se tiene en cuenta que entre sus obras se encontraba la ahora famosa novela Instintos caníbales y que había estos de carne humana en su estufa cuando lo capturaron.


Otros tantos de la zona donde él vivía, conforme los medios informativos realizaron sus pesquisas, lo describieron como un hombre de apariencia "normal", atractivo, fácil de palabra –salvo las madres de las víctimas, que relataron a la prensa los malos presentimientos que el hombre les despertó, aunque, como buen manipulador, intentaba ser amable con ellas y con sus hijas, al menos a ojos vistas–; una de esas madres fue quien le mandó de visita a los judiciales que también llegaron a la escena del crimen.


Ante todos se presentaba como escritor y dramaturgo, y por lo visto se tomaba muy en serio su profesión, pues al menos Caminando ando... y La noche anterior –títulos que posee quien esto escribe– cuentan con registro de derechos de autor y número de ISBN (el del último se encontraba "en trámite"). Incluso regalaba sus ediciones a los amigos, orgulloso. El ejemplar de La noche anterior del que aquí se habla pertenecía a alguien que trabajó con él recientemente, lo que significa que alguna vez estuvo en las manos del asesino. Qué escalofrío.


Imaginemos, pues, a José Luis Calva Zepeda inclinado frente a su escritorio durante una mañana –forzosamente una mañana, pues en el departamento de Mosqueta no había ni un foco–, consumando las obras que después vendía a cinco pesos el ejemplar callejero por los rumbos del tianguis del Chopo y la Alameda, en medio de restos de hechicerías santeras y de las películas pornográficas que tanto disfrutaba, según una ex novia que sobrevivió al caníbal.


Imaginémoslo frente a ese escritorio coronado por una foto suya, desordenado, tan caótico como su pensamiento, donde acumulaba ejemplares de sus libros.


Imaginémoslo escribiendo.


La noche anterior


Tanto Caminando ando... como La noche anterior fueron publicados en 2007, cuando José Luis Calva Zepeda ya había matado por primera vez (ahora sabemos que entre sus víctimas, antes de Alejandra, estuvo otra novia, Verónica Consuelo Martínez Casarrubias, empleada farmacéutica a la que destazó y tiró en los alrededores del panteón de Chimalhuacán, en 2004, con ayuda de su pareja anterior, Juan Pablo Monroy, un hombre regordete, calvo y de ojos saltones que confesó en cuanto fue localizado).


La prensa mexicana citó numerosas veces la frase con la que abre La noche anterior:


Dedico estas letras a la máxima Creación del Universo

Que Yo Soy...


Pero las palabras están fuera de contexto. Del resto de esa publicación se rescatan aquí varios ejemplos, sin ningún destello de buena literatura, pero sí de un estadio de angustia inequívoca e intensa culpabilidad. Es necesario explicar la trama; al final de una especie de presentación o prólogo que carece de título, el autor expone de qué se trata:


"Debe de haber millones de ojos perdidos dentro de sus orbitas viviendo esto. Pero a diferencia de las demás historias, esta nadie me la platico, porque esta historia... yo la viví la noche anterior al primer día de mi vida.


"Para que puedas comprender de qué te hablo, te voy a decir lo que paso esa noche, mucho antes de eso. ¿Qué quien soy yo? ¡Jaa! ¡En realidad soy tú! Pero por hoy me conocerás simplemente por mi nombre, Gabriel".


Eso es lo que dice al final. ¿Pero qué dice al principio? En medio de un largo párrafo dedicado a explicar que "terminar es volver a comenzar", y a lo que se siente la pérdida del amor, el narrador suelta la mano y nos regala su "firma poética":


"Te quedas atrapado en tu otro yo, te enmascaras de mil formas pero nunca de ti. Así pasan los años, sin que te des cuenta. Vives contigo, pero sin vivir en ti, es decir, te mueres a cada instante dentro de ti; a cada hora, a cada minuto y a cada sueño. Quisieras no ser tú y olvidarte de que existes, para así poder evadirte, descarnarte de todo lo que has hecho y que te han hecho. Tienes frente de ti solo dos opciones; vivir o morir. Morir es sencillo, y no es necesario dejar de respirar para hacerlo, sin embargo, para vivir es necesario morir dentro de ti".


Aquí no hay alternativas: vives o mueres, mueres mientras vives, y para vivir necesitas morir. También son las palabras de un hombre que indudablemente se percibía desdoblado: era al mismo tiempo quien estaba afuera, con disfraz, y el que en su interior moría con ganas de "descarnarse", el de antes y el de después de la muerte; quizá es ese mismo Gabriel que hablaba de la noche (¿vida?) anterior (¿la de José Luis Calva Zepeda?) a su nacimiento (¿como José Zepeda?) Quizá.


Eterno retorno


Nacer y renacer. José Luis Calva Zepeda (¿o deberíamos decir José Zepeda?), obsesionado con el tema, tenía incluso una cuna en su casa: una cuna blanca, deslumbrante casi en contraste con una sucia pared azul donde había garabateado dibujos infantiles y un desorden apenas habitable que nada tenía que ver con su obsesión por la pulcritud genital y las limpias que hacía a sus parejas para purificarlas. En varios textos de Caminando ando... hablaba de la posibilidad de parir, e incluso de ser nuevamente parido:


Déjame nacer de tu vientre nuevamente,

Déjame beber tu néctar y tu miel,

Engéndrame de entre tu sexo y el mío


Eso decía en la página 12, y en la 13 remató:


Quiero embarazarme de ti pero no puedo. Aunque lo intentamos cada noche; en el coche, en la plaza, en la casa, en tu oído y en mis pies. Voy a buscar en mi ombligo quiero ver si ahí esta él; mirándonos, riéndose, creciéndose.


Pero lo único que Luis Calva pudo parir fue unos cuantos libelos de baja estofa firmados por José Zepeda. Y frente a este dolor, en La noche anterior narró su vida como si le hablara a otro, a Gabriel, el protagonista; como si hubiera un diálogo entre Luis Calva y José Zepeda para reinventarse, embarazado y nacido de sí mismo.


El capítulo uno, La Esfera, trata del nacimiento de Gabriel, a quien el autor le hablaba en tono de sermón, como si continuara dirigiéndose al lector. Comienza con una descripción beatífica que es, al mismo tiempo, toda una propuesta esotérica:


"Así llegas al mundo terrenal, siendo Ángel, obra primigenia de la Creación. Ese es el primer instante de la vida, de tu vida. Recibes tu primera bocanada de aire. De ti emana el sonido de tu propio ser, el llanto, el primer llanto de muchos. Nada te falta. Eres la Creación más perfecta del Ser Superior. Estás dotado de Dones y de Milagros".


Aunque cuesta trabajo ver detrás de estas palabras a un escritor con pulso asesino, tras unas cuantas frases estimulantes de pronto el mensaje esperanzador cambia:


"Como te dije antes, eres una Esfera Perfecta. Frente de ti se encuentra el camino más largo a enfrentar. Tu propia Vida. Poco a poco iras decidiendo el camino a seguir. Solo hay dos opciones. La primera, es el camino recto, seguro, donde nada te puede tirar porque vas asido a la bandera victoriosa llamada Verdad, y La Verdad es el único misterio develado de la Creación que te lleva a conocer el mismo Origen del Universo, el Amor. El segundo es el camino sinuoso lleno de brechas que cada vez te desviaran más de La Verdad. Encontrarás los pestilentes fangos de la perdición donde habitan buitres, alacranes y tentaciones. Conocerás al único ser capaz de llevarte a tu propia destrucción, a tu peor enemigo, egoísta de ti y de los demás, tu lado oscuro, tu propio YO".


Independientemente de la opinión –mucho más autorizada– de los expertos en criminología y psiquiatría, en términos literarios es casi inevitable dar por sentado que en La noche anterior José Luis Calva Zepeda se refería a su propio lado oscuro, y que ya había experimentado "los pestilentes fangos de la perdición". Pero también manifestaba un gran miedo. Detrás de cada palabra optimista en el libro hay un hombre aterrado que espera misericordia. Y no la de Dios, ni la de los hombres, sino la de sí mismo.


Un hombre apasionado


"Su discurso es desordenado, febril como un delirio; no siempre se comprende lo que dice, mas, aun así, en él se percibe, en las palabras y en la voz, algo extraordinariamente bondadoso. Cuando habla, uno ve en él al loco y al hombre."


Con estas palabras describe Anton Chéjov no a Calva Zepeda, sino al protagonista de La sala número seis, Iván Dmítrich Grómov, quien padecía manía persecutoria. La diferencia es que en José Luis, el presunto caníbal, se percibía algo maligno, pero su discurso era igualmente desordenado y febril. Va una muestra de La noche anterior:


"Y que decir de tus instintos criminales, cuando Tú solo eres quien te aniquilas. Deja de incrustar la daga de la auto conmiseración sobre tu pecho. Aún puedes salvar al Niño Eterno que hay dentro de ti. Solamente debes de observarte desde adentro, no por afuera. Conócete pero sin juzgarte. Ámate sin medida. Porque Tú eres lo único seguro que tienes en la vida".


Aparentemente él se reconocía como el asesino que era, y en medio de las frases de amor por él mismo lo que se lee es, junto con una enorme soledad, un profundo odio: no se aconseja amarse a quien ya se ama. José Zepeda, el escritor, detestaba al asesino Luis Calva, a quien instaba una y otra vez al arrepentimiento:


"¿Quieres continuar? Solo existe una forma para hacerlo. Arrepiénte de ti y de todos los que has sido. Esta temblando la tierra, ¿lo sientes? ¡Tú la haces temblar y girar vertiginosamente, detente y observa lo que aún queda de ti! (...) Arrepiéntete de ser lo que eres y que nunca quisiste ser".


Más adelante, en el colofón del libro, el autor reveló su verdad: era Dios quien le había puesto en la boca (o en las manos) estas palabras; el mismo Dios que, en su infinita misericordia, lo había perdonado de antemano, pues él, José Luis, era su elegido. Sólo le restaba su propio perdón. Y de eso se trataba, sin duda, tanto nacer y renacer: disculparse a sí mismo una faceta de su otro sí mismo. ¿De qué otra manera podía sobrevivir la mente de un hombre que se sabía enloquecido y que podía conciliar versos de amor con un cuerpo destazado en su hogar?


Dice el filósofo español José Antonio Marina, en su texto Anatomía del miedo, que todo seductor es un manipulador. Pero Luis Calva no lograba seducir a José Zepeda como lo hacía con sus mujeres: una de ellas, quien sobrevivió a cuatro meses de maltrato –contó en su momento que José Luis Calva llegó a amarrarla a vías de tren para satisfacerse sexualmente- lo describió como un hombre violento y celoso en extremo que le escribía poemas de amor y luego la golpeaba. Es a ella, esa misma mujer, a quien dedica Caminando ando...


Era celoso incluso de sí mismo: el narrador y el poeta de discurso deshilachado no pudo competir con el asesino, el que llevaba dentro, quien al final emergió victorioso de sus textos y, durante al menos tres años, también de la justicia de los hombres. Porque Luis Calva y José Zepeda no le temían a Dios, sino a ellos, el destazador de mujeres y el asesino de versos.


Historias de traición


Me aventé del cuarto piso, y me detuvo la mano de Dios. Me arrolló un coche, y me detuvo la mano de Dios. ¿Qué significa esto? Que soy importante para el Jefe.


Quien dijo estas palabras no sentía remordimiento alguno por haber asesinado a su ex novia y haberla destazado con un instrumento cortante por las coyunturas, como si fuera una de tantas mujeres desangradas en uno de los videos snuff que contemplaba. Tampoco por haber tenido su antebrazo en un plato antes de depositarlo en la basura.


Dijo también que era de profesión escritor, dramaturgo, poeta, santero y ratero; que consumía habitualmente cocaína y que estaba bajo los efectos de la droga cuando mató a Alejandra Galeana Garavito. Que la asesinó porque ella lo trataba como a un objeto sexual mientras que él deseaba tener hijos. Que la mantuvo muerta en su departamento cuatro días y que le preocupaba el mal olor que ya despedía el cuerpo ennegrecido.


Contó cómo en su infancia su madre lo orilló a vivir en un parque cercano a su casa, en la colonia Del Valle, cuando apenas tenía 12 años, y cómo fue violado por uno de los amigos de su hermano. Otros que lo conocieron dicen que era marcadamente amanerado. Y todos pudimos apreciar que nunca, en ningún texto o declaración, mencionó a su padre, mientras que a su mamá, de quien nunca se alejó y cuya aprobación siempre buscó, le dedicó La noche anterior.


El día que lo detuvieron, Calva Zepeda intentó comunicarse con ella, no con sus ex mujeres y sus hijas, que nada quisieron saber de él. Una de sus hermanas respondió al llamado y solía visitarlo en prisión, donde él, según notas de prensa, se regocijaba en su recién adquirida fama.


Parecía evidente que se sentía protegido por "el Jefe". Que confiado en Él no aguardaba la visita de policías y judiciales cuando fue descubierto. Pero también es cierto que fue un hombre devorado por sí mismo, dividido en dos o a saber cuántos más: uno, escritor sin éxito, y otro más que era y no era él:


Por hoy seré yo...

...Ese es mi destino


José Luis fue el poeta caníbal que no supo escribir y el criminal que sí pudo matar. Para consuelo de los tanatólogos y de la última mujer que asesinó, ella supo morir. En su cuerpo deshilvanado, y quizás en muchos otros, quedaron las mejores palabras de Luis Calva, el homicida, y José Zepeda, el escritor: las huellas impostergables de su delirio, que lo confinaron temporalmente en la cárcel, donde su único arte fue el de todo psicópata: la supervivencia o la traición. No esperaba él que esa traición, en el último momento, viniera de uno de sus compañeros convictos. O quizá de Dios.



*"Texto publicado originalmente en la agencia de noticias culturales N22, perteneciente a Canal 22, y modificado por la autora para su publicación en este blog"
*Las fotografías están protegidas por Derechos de Autor, y pertenecen a Gabriel Hernández

9 comentarios:

  1. Este texto fue escrito originalmente cuando los crímenes de José Luis Calva Zepeda acababan de conocerse. Los libros citados los conseguí por mediación de un reportero de un conocido medio nacional y de un hombre que trabajó con el llamado Canibal de la Guerrero.

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  2. Mmmhhh, una historia interesante, muy provocadora de miedo... Quizás se consideraba en sí mismo un dios y por ello sintió el poder de ser intocable... quizás.

    Me encantó el cuento, realmente me gustó muchísimo, la información que plasmas aquí ayuda a quitarte algunas de las muchas dudas que provoca su lectura.

    Gracias por darnos tu escritura y ser parte de nuestra formación en todos los ámbitos. Cuídate mucho.

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  3. Qué cosa más densa. Saludos.

    Gilberto Puente

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  4. Querida Maribel, mil gracias por tus palabras. Gilberto, gracias por asomarte por acá. Y sí, ¡José Luis Calva era denso!

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  5. -- perdon por el cuelgue Yolis! El texto es una autopsia perfecta de un asesino que se queda desnudo ante su obra-vital: un franco declive hacia la perdicion, como el Gilles de Rais de George Bataille, desciende a los mas bajos infiernos solo para demostrarnos que lo humano y sus bajos fondos (transgresiones incluidas) solo pueden tener la perdicion como unico fin, excelente texto, gracias Yolis!

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  6. Gracias a ti, queridísimo Pato. Me siento muy halagada, y no se diga la escoba.

    ¡Un abrazote!

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  7. wow, es escalofriante , de verdad temible, me pusiste los pelos de punta y no sólo eso, tu texto nos deja entrar en la mente del asesino y conocemos su personalidad, inclusive sentimos pena por él, aparte de por sus escritos, su persona, tus textos son maravillosos.

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  8. Hola. Soy Neftalí, Acabo de conocer tu blog, gracias por haberme invitado.
    En cuanto a J.L. Calva, se confirma uno de los supuestos factores incitadores de la conducta delictiva, y este es el de una infancia transgredida, abusada, y que deja una conducta sociopática o más bien psicópata. Y ahora sí que como dice Trip Devielle en su comentario anterior, llega uno a sentir pena, pena y rabia, un debate interno entre la compasión y el odio, tal como me pasó al enterarme de las atrocidades que vivió Juana Barraza La mata viejitas. En fin. Saludos y gracias por publicar aquí esta autopsia textual de la vida y malobra de este personaje.

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  9. Saludos,Yolanda de la Torre. Desde hace poco tiempo comencé a interesarme por la historia del canibal de la guerrero. He de confesar que ha sido más por morbo que por otra cosa. He visto por fuera el edificio de mosqueta y he pasado por la farmacia y donde era el café deja vu en Orozco y berra. Creo que el tipo estaba muy loco.

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